miércoles, 4 de noviembre de 2009

La pintura flamenca

Características de la pintura flamenca
La región de Flandes, donde, entre otras ciudades, destacan Brujas y Gante, dependiente políticamente del duque de Borgoña, alcanza una riqueza considerable durante el siglo XV, como consecuencia de la artesanía y del comercio. Ese momento de esplendor económico coincide con la consolidación de una escuela pictórica con una extraordinaria personalidad, que tendrá gran influencia en toda Europa, pero especialmente en la península Ibérica, al mismo tiempo que, desde Italia, se empieza a difundir el Renacimiento. Cuatro aspectos fundamentales definen la pintura flamenca del siglo XV:

Sociológicamente, el sistema de producción artística es heredero de la tradición medieval, con un sistema gremial donde prima la concepción artesanal frente a la conciencia individual, fuertemente intelectualizada, del mundo italiano coetáneo.
Técnicamente, los pintores flamencos alcanzan una perfección tal en el trabajo del óleo que constituyen una referencia histórica indiscutible: ello permite veladuras (tintas transparentes que suavizan el tono de lo pintado), una mayor riqueza e intensidad de colorido y, sobre todo, un virtuosismo sin precedentes en la ejecución.
Desde el punto de vista de la concepción espacial de las escenas, consiguen, de manera intuitiva, un ilusionismo paisajístico en el que se insertan las figuras, aún más espectacular que el de los pintores italianos contemporáneos, más obsesionados por los problemas teóricos de la perspectiva geométrica.
Y, en lo que se refiere a la percepción concreta, tienen una voluntad de representar las cosas tal y como las ve el ojo humano, entendido el término en su precisión detallista: de ahí la importancia que adquiere el retrato, así como de los distintos pormenores que intervienen en una composición pictórica, pero ello favorece, paradójicamente, el simbolismo de los elementos representados.

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