miércoles, 4 de noviembre de 2009

Conflictos religiosos.

Desde principios del siglo XIX, el califato otomano fue perdiendo poder y territorios. Era un imperio caracterizado por la diversidad religiosa que se mezclaba con las diferencias étnicas y culturales. Esta diversidad la heredaron los países que surgieron de sus cenizas, pero solo en algunos casos y en ocasiones ha derivado en conflicto.

La guerra de los Balcanes dividió a Yugoslavia. Las comunidades étnicas y culturales que habían convivido en paz hasta 1990 se enfrentaron violentamente y la religión sirvió para identificar a los distintos grupos.

Los eslovenos y los croatas, ambos mayoritariamente católicos, se escindieron de los serbios ortodoxos, crearon estados propios y expulsaron de su territorio a la mayoría de los que eran diferentes a ellos. Las familias se separaron y mucha gente perdió sus hogares.

Pero los conflictos más terribles se produjeron en Kosovo y en Bosnia. En Bosnia convivían bosnio-croatas católicos, bosnios musulmanes y serbo-bosnios ortodoxos. En Kosovo compartían territorio musulmanes de origen albanés y serbios ortodoxos.

La violencia, los asesinatos y la llamada «limpieza étnica» fueron tan terribles en estas zonas que fue necesaria la intervención armada de las Naciones Unidas y de la OTAN para detener el conflicto. Todavía hay soldados de diferentes nacionalidades en la zona y el odio entre aquellas comunidades perdura.

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